por: Piero Dominici
Inmediatamente tratamos de establecer puntos firmes, casi "datos de facto" sobre los cuales – creo – podemos estar de acuerdo: la estrecha, muy cercana, relación entre comunicación (es bueno aclararlo, entendido como acceso, compartir, transparencia, escucha, servicio) y ciudadanía (participio del bien común), entre comunicación y democracia; pero también entre democracia y visibilidad/poder advertir. En particular, no puedo sino referirme a Norberto Bobbio (1995, 1*ed.1984) cuando define el gobierno de la democracia "Como el gobierno del poder público en público", reconociendo en "publicidad" – opuesto a "secreto" – una de las piedras fundamentales de la democracia.
Sin embargo, incluso en su reconocida, así como básica, importancia, los principios de visibilidad y publicidad sirven para garantizar (al menos ...) "información"por la Administración Pública hacia los ciudadanos, pero no contemplan la oportunidad de "comunicación"para/con ellos (-propreciprocidad); ya que la comunicación – como trataremos de argumentar – es un complejo proceso social que implica acceso, transparencia, participación, participación, participación (uno de los conceptos clave es compromiso. Sin embargo, no es inútil reiterar esto, para (al menos) las condiciones de los principios/valores enumerados anteriormente (su traducción operativa es aún más complicada), es necesario que el proceso comunicativo – tanto a nivel de comunicación interpersonal como de comunicación organizacional y sistemas sociales (en este caso del Estado a los ciudadanos – Confeder Public Sphere) – involucre a los ciudadanos (especialmente) conscientes con los directores bien informados puedes ser "sudditi" incluso en la democracia...no conocer sus derechos/obligaciones (la línea límite entre ciudadanía y subjetividad es extremadamente sutil); no conocer las herramientas y canales; no ser suficientemente alfabético y (de hecho) competente para participar activamente en la construcción de una esfera pública autónoma, capaz de ejercer presión sobre la política y el "poder" (soberano) e influir en los procesos de toma de decisiones. Sobre la importancia, en este sentido, del tejido social, de la calidad del capital social, de las redes y movimientos, de las formas de cooperación y asociación, que hoy encuentran, en la Red, la infraestructura y el ecosistema fundamental para autoproducir e intensificar los vínculos (también me recuerda el concepto de autopoiesis).
Cabe subrayar también que el reconocimiento del valor de la transparencia, que ahora no sólo ha sido definitivamente a nivel legislativo, es cada vez más alentador que las organizaciones complejas (públicas y privadas) busquen una configuración como "sistemas abiertos", capaz de gestionar mejor la complejidad, abriendo precisamente al medio ambiente: una complejidad siempre vinculada a una deficiencia o, sin embargo, a una mala gestión del conocimiento. Como resultado, estos procesos implican una repensación general de los modelos organizativos, el concepto de la comunicación misma y, más generalmente, la fuerte necesidad de lo que hemos evocado repetidamente en el pasado como "nueva cultura de la comunicación”.
Al mismo tiempo, es urgente que la conciencia de que el cambio, social y organizativo, no sólo se alcance y no pueda lograrse por la innovación tecnológica y/o por un marco regulatorio mejor y cada vez más específico. Muy banal (aunque a menudo, precisamente por su aparente banalidad, tal "principio" es mal considerado), las personas, los grupos, las comunidades pueden obstaculizar –más o menos voluntariamente – el cambio (pensar el concepto de Clima de organización). Esto plantea el problema del conocimiento, la escucha (que se puede lograr utilizando herramientas y técnicas de investigación social, luego prestada de marketing), el conocimiento de cómo comunicarse (que requiere preparación, habilidades etc.) que es "otro" que ciertos estereotipos comunes (también existentes en los perfiles profesionales pertinentes) y la confusión hecha entre comunicación y marketing, o entre comunicación y conexión.
En conclusión de esta contribución, respecto a cuestiones que no son absolutamente fáciles de desarrollar, debido a los múltiples planes de análisis interdependientes, os propongo un extracto del pasado (2005) que, a pesar del tiempo pasado, (tal vez) todavía parece capaz de devolver la dificultad y las implicaciones de nuestro "discurso".
“El fuerte supuesto de este análisis es que sólo la afirmación y difusión generalizada de la cultura de la comunicación (como un intercambio de conocimientos), en general, en los sistemas sociales y, en particular, dentro y fuera de las administraciones públicas y el sistema empresarial (el concepto de organización como un "sistema abierto") puede crear efectivamente las condiciones para la realización de esos derechos/obligores fundamentales de la ciudadanía sin los cuales el ciudadano-usuario-consumidor no puede encontrar claramente ningún tipo de legitimidad/reconocimiento. Encontrarse, de hecho, en una condición de sujeción, dentro de una esfera pública completamente inconsistente. La profunda convicción [...] es que, a nivel de práctica, las categorías de riesgo y conflicto en los sistemas sociales y las organizaciones complejas están estrechamente relacionadas con la mala gestión de los conocimientos o, peor aún, con la imposibilidad de tener acceso a ellos y hacerlo un uso consciente y racional [...]".
Desde este punto de vista, nunca nos cansaremos de reiterar la importancia crucial de un principio que, sólo en apariencia, parece trivial y/o obvio: aquellos que poseen más conocimiento (en términos de control, posesión, acceso y procesamiento), así como aquellos que controlan más información, también tienen más poder tanto en el nivel de comunicación interpersonal, como en la comunicación organizativa o macrosistema. En otras palabras, en cualquier nivel de análisis y práctica, aquellos que tienen más conocimiento –en la actualidad, incluso aquellos que tienen más posibilidades de elaborar lo mismo – y tienen más habilidades (pensar un sistema de país a la importancia estratégica de la educación, la formación y la investigación) son sin duda más capaces de guiar la evolución de las dinámicas y procesos que caracterizan las relaciones sociales, económicas y políticas. Conocimiento y habilidades, es decir, son capaces de determinar las relaciones de poder en cada esfera de la vida social, organizativa y sistémica con evidentes repercusiones para la ciudadanía y las democracias».
"Old" problemas ... pero siempre crucial: - Sí.
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